“El verdadero amor no viene de pronto hacia uno mismo, sino que más bien, parte de nuestro propio interior”.

Las relaciones personales parecen ser un puzzle. A veces decimos que son complejas, sin caer en la cuenta de que tal vez las personas no nos hemos transformado espiritualmente. Buscamos personas que cumplan con nuestras expectativas, y que nos hagan felices; y esta perspectiva no realista genera conflictos.

En realidad es como si renunciáramos a ser dichosos o gozosos por nosotros mismos, y en su lugar pusiéramos en manos de terceros las propias esperanzas de bienestar. Por tanto, no es extraño que las relaciones personales se conviertan en una fuente de problemas y un puzzle sin fin. 

 

«Si juzgas a las personas no tienes tiempo para amarlas” 

Esa idealización o falta de realidad es la que no permite que seas conscientes del amor saludable y enriquecedor. El romanticismo es idealización, apego o pura necesidad del otro. Cuando esto ocurre, no es amor. 

 

“El amor verdadero no viene a ti, tiene que estar dentro de ti”

Las relaciones que funcionan son conscientes se establecen entre dos personas que se sienten completas, no les falta nadie ni nada. Se sienten bien consigo mismas. Las personas conscientes comparten su plenitud, no se relacionan para completar sus supuestos vacíos, ni para mitigar la necesidad de estar en compañía. Sencillamente quieren amar a otra persona para compartir bienestar y sumar. 

 

“Sé tú la persona que quisieras tener a tu lado…”, y tarde o temprano aparecerá y se fijará en ti (cómo no iba a hacerlo si se verá reflejada).

 

Las personas conscientes que establecen una nueva relación, en realidad no la buscaban, aunque tal vez la esperaban, eso sí. Cuando no temes estar solo, o al abandono y desactivas el ego, surge el amor consciente. 

las personas conscientes descubren que en realidad no temían empezar una nueva relación o acabarla; sino que en su inconsciencia temían al amor saludable.